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Muchas
personas tienen una necesidad especial, y a veces apremiante,
de ciertos alimentos: dulces, salados, café, bebidas
de cola, etc. Las razones pueden ser socio-culturales, psicológicas,
carenciales o incluso fisiológicas. El problema es
que estas preferencias tan marcadas pueden suponer problemas
para la salud. Y el más común, el sobrepeso.
Los
alimentos que con más frecuencia despiertan pasiones
son los dulces, excitantes (café, colas, té,...)
salados y ciertos alimentos de sabores intensos, como la pizza
o las hamburguesas. Pero, ¿por qué se dan estas
pasiones tan acusadas, que pueden llegar incluso a ser adictivas?
Las razones de estas preferencias son muy variadas. En primer
lugar, pueden influir cuestiones socio-culturales: por ejemplo,
la costumbre del café después de la comida o
el turrón en Navidad. También entrarían
aquí las costumbres familiares o regionales.
En otros casos puede deberse a carencias nutricionales. La
apetencia desmedida de alimentos salados, por ejemplo, se
debería a una carencia de sal. Pero aunque puede ser
cierto en determinados casos, no siempre es así, ya
que el gusto se educa, y el consumo habitual de cierto tipo
de productos puede aumentar nuestra preferencia por ellos
aunque no tengamos ningún tipo de carencia.
Determinados
alimentos pueden despertar en nosotros emociones inconscientes,
vinculadas frecuentemente a recuerdos. Y esto puede suponer
que recurramos a ellos por necesidades psicológicas.
Por ejemplo, vivir una situación de desarraigo podría
llevar inconscientemente a la ingesta de ciertos alimentos
que tomábamos de pequeños, en una situación
familiar en la que nos sentíamos integrados y protegidos.
Por
último, otro mecanismo puede ser nuestro sistema endocrino,
ya que algunos alimentos producen la liberación de
sustancias como dopamina, serotonina o noradrenalina, que
pueden producir una sensación placentera, un mejor
estado anímico o una mayor energía vital.
El
problema es que el consumo excesivo de ciertos alimentos puede
producir problemas de salud. Además del más
evidente (inducir obesidad en caso de alimentos muy calóricos),
ciertas sustancias como el té, el café y otros
estimulantes pueden producir una cierta adicción si
se consumen en exceso, y ocasionar ansiedad, insomnio o temblores.
Además,
el consumo desmesurado de algunos alimentos puede suponer
que prescindamos de otros, cayendo en una dieta desequilibrada,
con la consecuencia de peligrosas carencias nutricionales.
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